La manera de ver el agua era distinta en los años 60 y todavía en los 70 del siglo pasado, pero después han sido tantos los cambios que se admiten los vaticinios de adelantados sobre guerras por agua y no debido al control del petróleo.
No obstante ser habitual los meses sin precipitaciones seguidos de lluvias a las cuales llamaban temporales cuando eran torrenciales, había quienes hacían constantes observaciones, sobre todo cuando alguien calificaba de bueno el tiempo cuando no caía agua.
Un veguero espirituano, Evelio Monteagudo, protestaba aunque fuera el más prestigioso de los meteorólogos quien dijera: buen tiempo, y argumentaba con sus cosechas requeridas de riego natural por no contar con ninguna represa.
Por aquellos días estaba en construcción la presa Zaza, pero Evelio tenía otro criterio aunque algunos se quejaban de lo que calificaban de disparate porque las aguas sepultaron hasta lo más alto de la fábrica de productos lácteos que fue trasladada según decían: innecesariamente.
Tanto abarcaba el espejo de agua del embalse que al contemplarlo el veguero se maravillaba de que no podía ver la otra orilla y entusiasmado vio en una época ciclónica que el embalse había sobrepasado la capacidad de llenado y tapó un tramo de la Carretera Central.
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Su defensa a la presa Zaza aumentó cuando comenzó la acuicultura, sobre todo al inundarse el mercado con tilapias que inicialmente fueron rechazadas por el paladar general que prefería las especies de mar porque estas sabían a tierra.
Al construirse la presa Higuanojo, surgieron críticas porque no se usaba para riego, pero con su sabiduría guajira sentenció: Con estar almacenada nada más, ya el agua es útil, y lo afirmaba sin saber que formaba parte de un trasvase que no solo abastecería la Zaza sino también el sur de Ciego de Avila y más allá en otro futuro.
Hay que buscar la manera de que se pueda usar el agua salada y no cueste mucho hacerlo, solía decir Evelio que no alcanzó a ver el cultivo de la tilapia en las costas, algo que sucedió por casualidad cuando los peces dentro de la Zaza eran arrastrados al mar y sobrevivieron los adaptados.
Se hubiera alegrado en estos últimos días si estuviera para enterarse de que en China avanzan en los estudios con vistas a la siembra de arroz regadas con el vital líquido proveniente del mar, y elogiaría todas las represas ante la actual prolongada e intensa sequía.
Sin embargo, seguramente se llenaría de tristeza si estuviera presente para caminar largos kilómetros que han quedado descubiertos porque la mayor presa del país solo tiene agua en poco más de una décima parte de su capacidad.
La depresión de la Zaza espirituana también afecta a Ciego de Avila que recibía sus aguas al secarse fuentes de abasto subterráneas usadas en alta medida para el consumo humano directo, y entorpece planes futuros de trasvasarla hasta el sur de la zona oriental.
El problema es mundial, no solo del país y de alguna provincia cubana en particular, pero hay que tener confianza en que no moriremos de sed teniendo tanta agua… en el mar.
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