La doctora Yaquelín Rojas González es periodontóloga. Su especialidad es la ciencia quirúrgica que estudia las enfermedades de las encías y los tejidos que sostienen los dientes. Desde 2013, en el Policlínico Abelardo Ramírez Márquez, en el municipio Plaza de la Revolución (15 y 18, El Vedado), ha tejido un proyecto que nació con un gesto sencillo —una sonrisa— y terminó convirtiéndose en un puente entre la ciencia y la sensibilidad social: Sonrisa Azul.
“Primero fue Sonrisa, porque es lo que me caracteriza como doctora dentro del Policlínico”, cuenta. El azul llegó después, como símbolo de una fusión poco común: la periodoncia y la cultura, mediadas por el acompañamiento de Noel Torriente González, el Payaso Azul, actor que pertenece a la Agencia de Representaciones Artísticas Caricatos. “¿Y quién mejor para el proyecto que el Payaso Azul, al que todos conocemos?”, pregunta la doctora. No se trataba solo de curar, sino de conectar. De traducir el lenguaje clínico de la periodoncia a códigos afectivos.
Con los años, el proyecto de Rojas González dejó de ser intuición para convertirse en método científico. Lo llevó a su formación académica —máster y doctorado— y desarrolló todo un programa donde trabaja los conocimientos de la periodoncia, enfocada en la tercera edad, que son sus pacientes. “No existen nada más que las caries”, advierte. “Existe una especialidad científica, quirúrgica, que es la periodontopatía”. Ahí está uno de los núcleos de su discurso: desmontar la lógica reactiva del sistema y la ignorancia sobre su propia especialidad.
“La gente va al estomatólogo cuando le duele, cuando ya el problema está”, explica. Pero insiste en una distinción que, en su criterio, sigue siendo mal comprendida: promoción no es prevención. “Promoción es mantener sano al individuo, darle herramientas para convivir con salud”.
En ese punto, la Doctora Azul introduce una escena reveladora. Pregunta en un grupo cuántos acudirían a consulta si les sangran las encías al cepillarse. La mayoría responde que no. Lo consideran normal. “Y en periodoncia no existe el ‘normal’”, subraya con firmeza. Esa naturalización del síntoma es, para ella, una de las barreras más difíciles de desmontar.
El contexto tampoco ayuda. El envejecimiento poblacional y las limitaciones materiales del sistema de salud configuran un escenario donde lo urgente desplaza a lo importante. Sin embargo, Rojas González insiste en mirar hacia otro lado: hacia la comunidad. Vive y trabaja en el municipio Plaza de la Revolución, donde el intendente municipal y el delegado de la circunscripción apoyan estas iniciativas.
Su radio de acción es concreto. Labora de manera voluntaria en el Liceo Celia Sánchez Manduley —la Casa de los Abuelos ubicada en calle 13 entre 12 y 14, en El Vedado— como parte de su población de trabajo. Sus pacientes reales son las vecinas y vecinos del barrio, los adultos mayores de la comunidad inmediata. Allí había comenzado antes incluso de formalizar Sonrisa Azul, con iniciativas como la asignatura Abuelidad —hoy impartida por una psicóloga— y un diplomado en nutrición. Pero fue el desconocimiento sobre la propia especialidad lo que encendió la alarma definitiva: cuando decía que era periodontóloga, las personas no sabían qué era lo que atendía.
De esa constatación surge un giro estratégico: formar promotores de salud dentro de la propia tercera edad. No como beneficiarios pasivos, sino como agentes activos. “Mi sueño es formar adultos mayores capaces de mantenerse en el estado de salud. Pero más que eso, es formar los futuros promotores de salud dentro de la comunidad, para que ellos le lleven la buena nueva a cada una de las personas en sus hogares”, explica. Así, el proyecto Sonrisa Azul entra a cada hogar a través de ellos, sin necesidad de grandes recursos, apoyado en redes de confianza y transmisión intergeneracional.
Hay también una dimensión ética en su propuesta. Rojas González reivindica el lugar de los adultos mayores como “pilar fundamental” de la sociedad, con experiencia y capacidad de aprendizaje. “Tienen su voz y voto dentro de la sociedad y eso debe ser motivo de respeto”. En lugar de excluirlos de los circuitos de conocimiento, los sitúa en el centro. “Que lleven ese conocimiento, como sabios que son, y adquieran nuevos conocimientos”, dice.
Sonrisa Azul, en ese sentido, no es solo un programa de salud periodontal. Es una intervención cultural que cuestiona jerarquías del saber y propone una circulación más horizontal del conocimiento. “Esto ha sido como un secreto dentro del gremio odontológico”, reconoce, "porque creo que hay una necesidad de que las personas conozcan”.
La doctora se ha presentado también para infantes en espacios públicos como parques junto al Payaso Azul. Su objetivo es llegar a los hogares, barrio a barrio.
En un país donde las soluciones suelen pensarse desde la escasez, la periodontóloga Yaquelín Rojas González ensaya otra lógica: la de la multiplicación. Una sonrisa que se enseña, se cuida y, sobre todo, se transmite.
Yaquelín Rojas González y su proyecto Sonrisa Azul
Esta periodontóloga fusiona odontología, cultura y promoción de salud desde su proyecto Sonrisa Azul, en el capitalino municipio Plaza de la Revolución...
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