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sábado, 8 de agosto de 2026

Fidel y el 5 de agosto de 1994: enseñanzas y alertas

A 32 años de que el pueblo, con su Comandante en jefe al frente, pusiera fin en el Malecón de La Habana los disturbios provocados desde Miami por la ultraderecha anti cubana, en contubernio con la Oficina de Intereses de Estados Unidos...

Fidel Benito Rendón Matienzo en Exclusivo 08/08/2026
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5 de agosto
5 de agosto

Recordar uno de los difíciles y complejos momentos en la historia de la Revolución cubana, como los sucesos ocurridos en el Malecón de La Habana y sitios aledaños el 5 de agosto de 1994, es resaltar una vez más la coraza moral del Comandante en jefe Fidel Castro a pocos días del centenario de su natalicio.

Ese día, con su máximo líder al frente y sin que se disparara un tiro, el pueblo aplastó a la contrarrevolución, con lo cual se puso fin a una serie de disturbios en la capital alentados, organizados y financiados por el imperialismo yanqui, y dirigidos a desestabilizar al país y justificar una agresión militar.

Horas después, ante la televisión y demás medios nacionales, el propio Fidel no sólo denunció las verdaderas intenciones del gobierno de Bill Clinton, sino que explicó las causas de lo que podría haberse convertido en un estallido social de fatales consecuencias.

Radio Martí y otros medios anticubanos pagados por la ultraderecha de la Florida llevaban semanas alentando a la población a crear desórdenes en La Habana, a romper vidrieras, a lanzarse con violencia a las calles para derrotar la Revolución; convidaban a grupos antisociales a robar embarcaciones marítimas con las cuales serían recibidos como héroes en los Estados Unidos.

En realidad Cuba enfrentaba un escenario bien duro tras la desintegración de la Unión Soviética y del campo socialista, coyuntura que la Casa Blanca aprovechó para recrudecer el bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla.

A la par, estableció la Ley Torricelli, con carácter extraterritorial para aislarnos del entorno económico internacional, y la Ley de Ajuste Cubano, que alentaba a las salidas ilegales, a una masiva y desordenada emigración hacia la Florida.

Tal cual escribió hace tres años en el diario Granma Raúl Antonio Capote, agente de la Seguridad cubana infiltrado en las filas del enemigo, éste aprovechó entonces el descontento creado por el reforzamiento del bloqueo, de la política hostil de EE. UU., y una coyuntura específica, en ese caso la situación interna creada por la desaparición del campo socialista, para mandar a la calle a sus peones pagados y al lumpen.

Sobre estos actos de hostilidad, odio y desestabilizacion, y cómo instigando y trabajando con la contrarrevolución la Oficina de Intereses del Gobierno de Estados Unidos en La Habana actuó como operadora de los sucesos ocurridos el 5 de agosto de 1994, Fidel ofreció detalles a nuestro pueblo y al mundo.

Y compareció entonces con esa misma serenidad, firmeza y convencimiento que horas antes había mostrado al aparecer de manera sorpresiva en el Malecón, tras advertirle a su escolta que no podía hacer uso de las armas

Hace unos años en un tuits a raíz de la fecha, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, señaló con mucha razón:

"El 5 de agosto de 1994 #Fidel no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su moral y la confianza en que el pueblo que hizo la Revolución no sería capaz de destruirla. Esa ha sido nuestra escuela".

Enseñanzas y alertas que nos dejó

A pocos días de que en Cuba y a nivel mundial se celebre el centenario del natalicio del Comandante en jefe, sucesos como éstos deben ser recordados con toda la enseñanza, aprendizaje y alertas posibles, mucho más cuando el país atraviesa una aguda y dramática situación.

Pecariamos de ilusos si no llegáramos a la conclusión que en crear las condiciones para otro 5 de agosto, pero sin Fidel, se empeña hoy día la administración de Donald Trump, con su recrudecido cerco económico, comercial, financiero y energético; con sus amenazas, chantajes y presiones a gobiernos, personalidades, empresas y organismos que intenten tener vínculos con Cuba, y con una agresiva campaña comunicacional, llena de manipulaciones y mentiras.

En las redes sociales quienes apuestan por que la Revolución cubana se vaya abajo, y no pocos medios de comunicación al servicio del imperialismo, al referirse a los disturbios de hace 32 años han tejido toda una sarta de tergiversaciones y provocaciones.

"El 5 de agosto de 1994 estallaron las protestas en el Malecón habanero, cuando miles de cubanos salieron a las calles exigiendo la libertad y el derrocamiento de Fidel Castro. Estas protestas fueron provocadas por algunos factores diferentes".

Así "de sencillo" aparece en Wikipedia lo que para el imperialismo se conoce como el Maleconazo y, peor aún, en diversas publicaciones se subraya que sus causas y condiciones no sólo siguen vivas sino que se han agudizado, con los apagones, la falta de petróleo, de alimentos, medicamentos, de otros recursos y servicios vitales, los cuales han generado irritación y angustias en la población.

Con similares propósitos de provocar un estallido social hubo un 11 de julio (del 2O21), cuando el enemigo aprovechó, entonces, el descontento creado por el reforzamiento del bloqueo y la situación interna para intentar desestabilizar la Revolución.

Con un presidente neo fascista como Donald Trump, y un secretario de Estado anticubano y sin ética ni moral como Marcos Rubio, el imperialismo yanqui se siente envalentonado para agredirnos.

Saben que Fidel Castro no está y siguen ignorando la fuerza y vigencia de sus ideas impregnadas en millones de compatriotas. Por eso caen hasta en el ridículo de incluir entre las instituciones, organismos y entidades cubanas sancionados por ese gobierno a los Destacamentos de Respuesta Rápida... porque saben que como parte del pueblo ese 5 de agosto sus integrantes también defendieron la Patria en peligro.


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Fidel Benito Rendón Matienzo

Periodista con 40 años de experiencia, dedicado actualmente a temas económicos, merecedor en 2022 del Premio por la Obra de la Vida, durante 20 años ocupó diversas responsabilidades, además de ser tutor y miembro de Tribunales de Tesis de Grado e integrar jurados de concursos nacionales de Periodismo, de la UPEC y la ANEC.


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