En su resumen semanal del 4 al 10 de marzo sobre la evolución de la economía en el orbe, el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), en La Habana, alude a noticias alrededor de la crisis energética global originada tras el conflicto en el Medio Oriente.
La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, como era de esperarse, ha provocado por día un aumento del precio del petróleo en el mercado internacional, sin olvidar ante todo las miles de víctimas -muchas de ellas inocentes-y la destrucción de edificaciones e infraestructuras económicas y sociales en varias naciones de esa región.
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El resumen del CIEM señala que algunos medios de comunicación informaron el lunes que el Presidente Donald Trump estudia todas las opciones factibles para mantener estables los mercados energéticos, en medio de la operación conjunta con Tel Aviv.
Ello es un reflejo de la preocupación de Washington no sólo por cuán potencialmente ese fenómeno es perjudicial a las empresas y los consumidores estadounidenses, sino con miras a las elecciones legislativas de noviembre, en las que el Partido Republicano espera mantener el control del Congreso.
Medios occidentales reconocen que la Unión Europea le tiene tanto miedo a la crisis energética que se plantea algo antaño tabú: intervenir el mercado.
A la vez la guerra en Oriente Medio dispara los futuros del gas un 30% y provoca una volatilidad extrema.
Latinoamérica se presenta como una de las regiones más expuestas a la volatilidad de los precios internacionales.
Según informes de OLADE (Organización Latinoamericana de Energía) —entidad técnica dedicada a la cooperación y asesoría en políticas de integración y suministros para los países de la región—, el aumento en los costos de los fletes y la escasez proyectada ya están disparando el precio del GNV (Gas Natural Vehicular). Esta situación afecta de manera inmediata al sector transporte y, por extensión, a la cadena de suministro de alimentos, generando una presión inflacionaria.
Desde hace tres meses Cuba no recibe petróleo
Sobre el tema hace poco señalamos cómo en Cuba las limitaciones con el combustible tienen su impacto en la paralización o reducción de importantes actividades económicas y sociales y en el desmedido aumento del precio de bienes y servicios.
Ello es una de las mayores preocupaciones para muchas familias, que enfrentan una pérdida significativa del poder adquisitivo frente al encarecimiento constante de productos básicos como los alimentos y el transporte.
Pero en su comparecencia este viernes ante la prensa Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, informó que desde hace tres meses no entra al país ningún buque con petróleo, como parte de la hostil política y bloqueo del gobierno de Estados Unidos hacia la mayor de Las Antillas.
Ello se ha resentido en el incremento o prolongación de los apagones y en las restricciones de actividades o servicios vitales para la población y la economía.
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Otras consecuencias a nivel internacional
Pero volviendo al impacto de la crisis energética global, de acuerdo con reportes de prensa los precios del combustible para aviones están subiendo en todo el mundo a medida que los comerciantes de petróleo se enfrentan a las consecuencias de la guerra contra Irán.
Las aerolíneas son el termómetro. Si ellas cancelan vuelos, tal cual sucede casi a diario, el comercio internacional, el turismo y la movilidad humana se contraen, y eso es recesión en tiempo real.
Los mercados de energía y materias primas se han visto sacudidos desde que comenzó el conflicto en Medio Oriente, y los precios del gas, el diésel e incluso del aluminio también han subido, además de los crecientes costos de flete, que amenazan con repercutir en los precios que pagan los consumidores.
En no pocos países otras consecuencias del fenómeno se evidencian en problemas de suministro en industrias con gran peso en el Producto Interno Bruto, en dificultades para las empresas de todo tipo, en la subida de la factura eléctrica en los hogares y en el menor poder adquisitivo ante el encarecimiento de los bienes de consumo básicos.
Como afirman expertos e instituciones internacionales ante esta crisis energética global lo que viene es reconfiguración forzosa de cadenas de suministro, inflación estructural y conflictos por recursos, pero las consecuencias las pagan las naciones vulnerables o en vías de desarrollo, que por ahora no encuentran salidas o alternativas para enfrentar la compleja realidad.
Incluso se dice que el concepto de soberanía energética se redefine en 2026 a través de la infraestructura de almacenamiento físico, dejando a los Estados que no invirtieron en estas capacidades en una posición de subordinación total a los precios del mercado diario.

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