Hace poco más de dos años vi llorar a Luis Orta a pocos metros de mí. Fue en los Juegos Olímpicos de París 2024. Y ocurrió durante dos días consecutivos…
El primero, cuando perdió la posibilidad de discutir el oro. El segundo, después de sacudirse la amargura, recuperar el rumbo y conquistar una medalla de bronce.
Sí, ¡bronce en unos Juegos Olímpicos!
Pero no quedó satisfecho.
Aquellas lágrimas hablaban de vergüenza deportiva, compromiso con su Patria y deseos de revalidar el título ganado, de forma un tanto sorpresiva, en los de Tokio 2020, celebrados en 2021 debido a la pandemia.
Es uno de los recuerdos inolvidables que guardo de mi estancia en la Ciudad Luz, como enviado especial de la legendaria revista Bohemia, fundada en 1908, y colaborador de Cubahora.
¿Qué podría suceder con la carrera de Luis Orta después de París?
No olvidemos que muchos deportistas pierden el rumbo tras saborear las mieles de la gloria olímpica. Y él acumulaba ya dos de esos podios.
En el Mundial de Zagreb 2025 no pudo regresar al grupo de los medallistas. Después de vencer al ucraniano Maksym Liu y al turco Murat Firat, cayó 2-4 en cuartos de final ante el ruso Daniial Agaev, quien tampoco alcanzó la final y lo dejó sin opciones de repesca. Orta terminó noveno.
Otra pregunta quedaba en el aire:
¿Qué vendría después?
La respuesta llegó la semana pasada, en el Campeonato Mundial de Astaná, Kazajistán. Y fue contundente: ¡Otra medalla de bronce!
Pero antes conviene recordar un obstáculo añadido: semanas atrás, enfermo de dengue, con fiebre elevada y malestar general, no pudo participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026, donde estaba previsto que fuera uno de los abanderados cubanos. Eso afectó su físico y los entrenamientos.
Tampoco disfrutó de una preparación óptima durante el año, incluidas las competencias previas. Sus condiciones resultaron inferiores a las de otros grandes luchadores que, pese a ello, terminaron sin medallas.
Volvió a demostrar en Astaná su capacidad de respuesta.
En los 67 kilogramos de la grecorromana, su recorrido incluyó cuatro victorias y una derrota. El único tropiezo llegó en cuartos de final, cuando cedió 4-6 ante el uzbeko Aytjan Khalmakhanov.
Pero todavía le quedaba una oportunidad.
En la repesca superó 7-4 al estadounidense Otto Elliott Black y obtuvo el derecho a disputar el bronce.
Y no la desaprovechó: derrotó 10-6 al armenio Slavik Galstyan, segundo del ranking mundial.
Así sumó su segunda medalla en campeonatos mundiales, después del oro conseguido en Belgrado 2023.
El mensaje cobra especial significado cuando faltan dos años para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, una cita que puede parecer muy cercana o demasiado lejana.
Orta, un guerrero voluntarioso, tiene dirigida hacia ellos su mirilla.
“Estoy enfocado en los Juegos, en Los Ángeles 2028”, declaró luego de su reciente éxito.
Una vez retirado Mijaín López, a quien en París bauticé como ML5 por sus cinco medallas doradas, Orta es la figura más relevante de la lucha masculina cubana, tanto de la grecorromana como de la libre.
En París lo vi llorar dos veces. En Astaná volvió a dar una respuesta sobre el colchón.
Y aunque todavía quedan dos años para Los Ángeles 2028, su mensaje parece no admitir dudas:
Estoy vivo.

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