Siempre he creído que uno no elige las películas que ama, sino que ellas te eligen a ti en momentos de vulnerabilidad. Desde niños, vamos recolectando retazos de lo que "debería" ser una pareja: lo vemos en el portal del vecino, en el abrazo de nuestros padres y, con una fuerza casi hipnótica, en la pantalla grande.
Sin embargo, el cine cubano tiene una peculiaridad. A diferencia de Hollywood, que nos vende el romance como un destino final con música de violines, nuestros realizadores han sido históricamente más devotos de la lógica que del pulso. A veces siento que en Cuba hemos tenido miedo de que la emoción nos nuble el juicio, prefiriendo que el amor sea un caballo de Troya para hablar de problemas mayores. Hemos preferido la trascendencia del discurso "con mayúsculas" antes que el temblor de una mano que busca a otra en la oscuridad de lo cotidiano.
Pero cuidado, que no se me malinterprete. Que nuestros directores sean intelectuales no significa que sean gélidos. Hay escenas que se quedan tatuadas en la retina porque logran lo más difícil: el reconocimiento del otro. Pienso en la mirada de David en esa guagua que es Cuba misma, o en la urgencia de los amantes clandestinos que saben que el tiempo se les agota entre consignas y disparos. En esos momentos, el erotismo y la amistad dejan de ser subtemas para convertirse en los verdaderos protagonistas de la historia. El amor ahí no es platónico; es carnal, es sucio, es político y es, sobre todo, humano.
Muchos son los títulos que han sabido reflejar que amar es, ante todo, un acto de resistencia frente a la prisa y el ruido. Algo más que soñar: El primer amor frente al peso del deber. Clandestinos: La pasión más pura que se vive con la muerte en los talones. Una novia para David: El triunfo de la ternura sobre el prejuicio estético. María Antonia: El amor como un rito trágico que se lleva en la sangre. Fresa y Chocolate: La prueba de que una amistad profunda es la revolución más grande. Habana Blues: El amor a la creación y esa amistad incondicional que sobrevive incluso al desgarro de despedidas y sueños rotos. Conducta: Esa forma de amor que es la guía y el respeto mutuo.
Al final, el cine cubano nos enseña que amar es algo ciertamente complicado, pero es lo único que nos salva del subdesarrollo del alma.
En Cubahora te recomendamos estas nueve películas cubanas. Coméntanos cuáles añadirías tú.
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