Mis hijos no saben bien todavía qué apellidos tengo, y mucho menos cuántos años, pero dos cosas sí pueden responder claramente: que soy periodista y que trabajo en “el periódico”.
Desde que los tengo, más de una vez les ha tocado ir al círculo esos días que llueve, truena y relampaguea, porque las personas normales se toman el día, pero los periodistas tenemos más trabajo que nunca.
Como mi corazón de madre no aguanta saber que son, prácticamente, los únicos niños en asistir, más de una vez también me los he llevado conmigo a la redacción: conocen a todos mis compañeros y a sus hijos, han dormido en los sofás y visto muñes en mi computadora, y han pintado en mi agenda mientras se discute de enfoques y cantidad de líneas.
Mi hijo, que cree que a los 24 años es cuando será suficiente grande para jugar en la calle, tener un celular, y ganar su propio dinero para comprar raspaduras, me pidió que le guardara uno de los puestos de mi redacción: cuando cumpla esos años vendrá a trabajar aquí, y estará todo el día conmigo.
No es fácil ser madre periodista: he revisado reportajes en el móvil con una mano, mientras los mezo con la otra; escribo notas y crónicas a cualquier hora; y a cualquier hora también me llaman del trabajo para pedirme algo que “es para ya”.
A la familia le toca esperar, apoyar, ser paciente, incluidos los hijos. Palabras como nota, fuentes, adelanto, impreso, correlatos… están en el vocabulario diario de la casa. Saben que a veces mamá está escribiendo y necesita concentrarse; y, a la vez, mamá aprendió a pausar la escritura para dar agua, para consolar llantos, para mediar en disputas de hermanos…
Maternar me enseñó a ser una periodista que trabaja más rápido, que aprovecha mejor el tiempo, quizá más compasiva y menos dura consigo misma, aunque no menos exigente; ser –por otro lado– una periodista que es madre, me ha ayudado a entender que la perfección no es el camino; que lo importante es la presencia y el amor.
Que mis hijos se enorgullezcan de mi entrega, que sepan que trabajo no solo por sostener el hogar sino también porque me gusta, que entiendan que son la vida de su madre, pero que su madre es mucho más que solo eso… son metas del día a día.
De entre las decisiones trascendentales por las que me felicito están mi hija, mi hijo, y el Periodismo. Buena parte de lo que soy tiene que ver con el oficio de periodista y el de madre. Hoy, 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana, lo aseguro.

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